Nunca como antes ha sido tan fácil acceder al conocimiento disponible como ahora. Podemos consumir incontables artículos, blogs, libros, videos. Muchas universidades o empresas educativas que ponen su contenido a disposición sin costos.

Y con tanta información, ¿qué hacemos? Para sacar provecho de lo que tenemos disponible, creo que tenemos que ser más finos con el criterio que usamos cuando recibimos esta información y en donde se nos está yendo la atención.

Dejarnos llevar por el flujo de actividades y hábitos que formamos recientemente alrededor de nuestras redes sociales y medios de comunicación, está haciendo que nuestra atención se vaya por las ramas.

Si en algún momento de la historia reciente, la televisión era la “caja tonta” que tenía el poder de atraer la atención de las personas durante horas, tengo la sensación de que estamos en un momento más complejo con los celulares o computadoras cuando usamos Facebook, Instagram, Youtube, WhatsApp, etc. Mientras que antes solamente estábamos sentados frente al televisor en una actitud bastante pasiva, ahora somos nosotros los que “tenemos control” de la atención. Que en la mayoría de los casos, lo que tenemos es la sensación de tener control. Y ese es el principal problema.

Es la ignorancia de la ignorancia el punto más profundo y grave.

Me gusta la idea de Vivir por Diseño vs Vivir por Defecto. Cuando estoy poniendo atención en algo, o cuando estoy recibiendo información del tipo que sea. ¿Cuánto de eso es por diseño y cuanto de eso es por defecto?

Si yo tuviera que elegir el día domingo, ¿Cuántas horas de la semana voy a pasar en Facebook y cuántas horas de la semana voy a pasar leyendo un libro?; ¿Cuál sería el resultado si tomo una acción a partir de eso y cuál sería el resultado si no tomo una acción a partir de eso?

Creo que si no lo definimos, a pesar de que preferiríamos dedicar más atención a algo productivo (supongamos leer un libro) por sobre hacer algo improductivo (supongamos Facebook), la balanza se va a inclinar para aquella tarea sobre la cuál tengamos un hábito o mini-hábito preestablecido. Generalmente, sería hacer por defecto. O aquello que sea más fácil.

Si frente a la superabundancia de información, nos vamos dejando llevar por mini-hábitos que tienden a las actividades más fácil, vamos a estar más fácilmente influenciados por la información ya procesada y masticada que se presenta con títulos llamativos y contenido que te engancha.

Y al final, con tanta información que tenemos no podemos transformarla en aprendizaje porque patinamos en la superficialidad, irrelevancia e inmediatez. Es casi como hacer zapping.

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